Hoy acepto que la tecnología ha cambiado quien soy….

Recientemente me encontré con una charla de Sherry Turkle en TED llamada: “Connected, but alone” y tuve el espacio de reflexionar un poco sobre cómo la tecnología ha llegado a nuestras vidas para no sólo cambiar la forma en la que nos comunicamos, sino quienes somos.

Hoy, tal cual un adicto debe aceptar que tiene una situación que no controla, yo acepto que dependo completamente de la mayoría de mis dispositivos tecnologícos. Acepto que si se me queda el celu en la casa, me devuelvo de la oficina para recogerlo (así esté donde mi mamá que vive a su buenos 45 minutos en hora pico) y que llego a mi casa después de un largo día de trabajo y prendo mi computador hasta que me duermo. Acepto que duermo con el celular en mi mesa de noche y el ipad y el compu en la parte de abajo de la misma mesa de noche y que por la misma proximidad a mi cama, un día me levanté y me paré en el compu rompiendole toda la pantalla.

Hace algunos años llegaba a mi cuarto y lo primero que hacía era prender el TV, no importaba si no lo estaba viendo, era como un ruidito que al final me hacía compañía. Y ahora me doy cuenta que es más y más la necesidad de no estar sola. Me digo a mi misma que llego al compu para conectarme a lo que pasa con mis amigas que no puedo ver todos los días, con los amigos que viven lejos o sólo chismosear lo que mi círculo social piensa sobre determinados temas; pero oyendo a Sherry, entiendo que verdaderamente puede no ser esto cierto.

Me conecto, sí. Si se me va internet me muero. Pero, estoy realmente conectada a quienes quiero? es igual chatear que coger un telefono y llamar a alguien? o verme con ese alguien? En el chat, en whatsapp, en un mail….. tengo el control total de la conversación (si así se puede llamar), tengo el chance de corregir lo que voy a decir, escribir y borrar, redactarlo mejor o hasta mejor no escribir. Puedo dejar de escribir cuando quiera y siempre tendré un pretexto de que la conexión no funcionó, que me llamaron…. yo estoy y no estoy cómo y cuàndo quiero. Estoy en contacto pero no lo estoy cuando no quiero.

Así mismo, prender mi dispositivo tecnológico es no estar solo. En Internet me vuelvo escritora (como en este blog que juro que mucha gente va a leer), tengo una audiencia que me escucha en Facebook, soy líder de opinión (de cualquier tema, no importa qué tan insignificante sea) en Twitter. Es una ilusión. No converso, sólo me conecto. Tengo amigos pero en una posición muy cómoda sin exijencias, sin compromiso.

Mi uso de la tecnlogía me define: no quiero estar sola, pero tampoco estoy realmente con alguien. Nuestra información es fragmentada, oimos lo que queremos, lo que nos conviene.

Al final estoy más sola que nunca pensando que es malo no estar conectado. Yo no voy a decir que voy a cambiar de manera extrema mi relación con la tecnología, pero es chévere pensar en lo paradójico que es estar conectado sin conversar y no sentirse solo porque hay un dispositivo prendido.

Mi mamà hace poco me dijo un día que se dañó el internet: “eso es el Niño Dios que quiere que hoy seas productiva” y ahora entiendo a qué se refería.