No soy Nativa Digital, a mucho orgullo.

Mi generación, los que estamos entre los treinta y los cuarenta años de edad, tuvimos la adopción del mundo digital hace ya algunos años y nos engomamos con el internet de banda ancha porque ya por fin no teniamos que esperar a que en la casa colgaran el teléfono, leemos mucho en pantalla, pero valoramos las publicaciones impresas y hemos sabido potencializar nuestra vida real con herramientas móviles.

Me la paso posteando cosas en Redes Sociales, ya todos saben qué hago, dónde estoy y hasta qué estoy sintiendo. Pero me importa tanto cuàntos amigos tengo en Facebook o quienes me siguen en Twitter? Un amigo me dice que le va a consultar al Oraculo refiriendose a Google y nos reimos de lo fácil que es saber más sobre un tema o aclarar una duda.

Sé la diferencia entre escribir “que” con K y con Q, y sé que no se termina una relación por chat o mensaje de texto y todavía mis amigos son más físicos que sólo virtuales. Tengo la versión del pasado y veo muchas posibilidades en el futuro. Por eso, ya no soy parte de una Generación soñadora como lo fueron los del boom del .com, soy parte de una generación que busca cambios en la relación de las personas con los medios pero siempre potencializando y teniendo como eje al ser humano y sus necesidades básicas.

Agradezco no ser Nativa Digital, no porque tengan algo malo sino porque los Nativos Digitales llegaron con la tecnología no como una comodidad o privilegio, para ellos es una realidad. Esa es su principal característica y es, también, lo que los hace no aptos para dar la pelea por una comunicación distinta, nuevas formas de participación entre marcas y consumidores o nuevas formas de relacionamiento entre personas.

Se trata del valor de un pasado contrastado con un presente. Se trata de querer aprender más, investigar, buscar… no dar por hecho lo que se tiene. Un Nativo Digital siente que ya se lo sabe todo. Yo siento que cada día sé menos del mundo digital. Expertos en Digital no hay, pero todos vivimos en su eterna búsqueda. No hay fórmulas mágicas, hay riesgo y muchas, muchas pruebas de ensayo y error.